lunes, 25 de enero de 2016

Cuando quiero algo me lo pido a mí misma.


La Abuela Margarita, curandera y guardiana de la tradición maya, se crió con su bisabuela, que era curandera y milagrera. Practica y conoce los círculos de danza del sol, de la tierra, de la luna, y la búsqueda de visión. Pertenece al consejo de ancianos indígenas y se dedica a sembrar salud y conocimiento a cambio de la alegría que le produce hacerlo, porque para sustentarse sigue cultivando la tierra. Cuando viaja en avión y las azafatas le dan un nuevo vaso de plástico, ella se aferra al primero: ‘No joven, que esto va a parar a la Madre Tierra’. Rezuma sabiduría y poder, es algo que se percibe con nitidez. Sus rituales, como gritarle a la tierra el nombre del recién nacido para que reconozca y proteja su fruto, son explosiones de energía que hace bien al que lo presencia; y cuando te mira a los ojos y te dice que somos sagrados, algo profundo se agita.
Ella nos dice: ‘Tengo 71 años. Nací en el campo, en el estado de Jalisco (México), y vivo en la montaña. Soy viuda, tengo dos hijas y dos nietos de mis hijas, pero tengo miles con los que he podido aprender el amor sin apego. Nuestro origen es la Madre Tierra y el Padre Sol. He venido a la Fira de la Terra para recordarles lo que hay dentro de cada uno.’
-¿Dónde vamos tras esta vida?
-¡Uy hija mía, al disfrute! La muerte no existe. La muerte simplemente es dejar el cuerpo físico, si quieres.
-¿Cómo que si quieres…?
-Te lo puedes llevar. Mi bisabuela era chichimeca, me crié con ella hasta los 14 años, era una mujer prodigiosa, una curandera, mágica, milagrosa. Aprendí mucho de ella.
-Ya se la ve a usted sabia, abuela.
-El poder del cosmos, de la tierra y del gran espíritu está ahí para todos, basta tomarlo. Los curanderos valoramos y queremos mucho los cuatro elementos (fuego, agua, aire y tierra), los llamamos abuelos. La cuestión es que estaba una vez en España cuidando de un fuego, y nos pusimos a charlar.
-¿Con quién?
-Con el fuego. ‘Yo estoy en ti’, me dijo. ‘Ya lo sé’, respondí. ‘Cuando decidas morir retornarás al espíritu, ¿por qué no te llevas el cuerpo?’, dijo. ‘¿Cómo lo hago?’, pregunté.
-Interesante conversación.
-’Todo tu cuerpo está lleno de fuego y también de espíritu -me dijo-, ocupamos el cien por cien dentro de ti. El aire son tus maneras de pensar y ascienden si eres ligero. De agua tenemos más del 80%, que son los sentimientos y se evaporan. Y tierra somos menos del 20%, ¿qué te cuesta cargar con eso?’.
-¿Y para qué quieres el cuerpo?
-Pues para disfrutar, porque mantienes los cinco sentidos y ya no sufres apegos. Ahora mismo están aquí con nosotras los espíritus de mi marido y de mi hija.
-Hola.
-El muertito más reciente de mi familia es mi suegro, que se fue con más de 90 años. Tres meses antes de morir decidió el día. ‘Si se me olvida -nos dijo-, me lo recuerdan’. Llegó el día y se lo recordamos. Se bañó, se puso ropa nueva y nos dijo: ‘Ahora me voy a descansar’. Se tumbó en la cama y murió. Eso mismo le puedo contar de mi bisabuela, de mis padres, de mis tías…
-Y usted, abuela, ¿cómo quiere morir?
-Como mi maestro Martínez Paredes, un maya poderoso. Se fue a la montaña: ‘Al anochecer vengan a por mi cuerpo’. Se le oyó cantar todo el día y cuando fueron a buscarle, la tierra estaba llena de pisaditas. Así quiero yo morirme, danzando y cantando. ¿Sabe lo que hizo mi papá?
-¿Qué hizo?
-Una semana antes de morir se fue a recoger sus pasos. Recorrió los lugares que amaba y a la gente que amaba y se dio el lujo de despedirse. La muerte no es muerte, es el miedo que tenemos al cambio. Mi hija me está diciendo: ‘Habla de mí’, así que le voy a hablar de ella.
-Su hija, ¿también decidió morir?
-Sí. Hay mucha juventud que no puede realizarse, y nadie quiere vivir sin sentido.
-¿Qué merece la pena?
-Cuando miras a los ojos y dejas entrar al otro en ti y tú entras en el otro y te haces uno. Esa relación de amor es para siempre, ahí no hay hastío. Debemos entender que somos seres sagrados, que la Tierra es nuestra Madre y el Sol nuestro Padre. Hasta hace bien poquito los huicholes no aceptaban escrituras de propiedad de la tierra. ‘¿Cómo voy a ser propietario de la Madre Tierra?’, decían.
-Aquí la tierra se explota, no se venera.
-¡La felicidad es tan sencilla!, consiste en respetar lo que somos, y somos tierra, cosmos y gran espíritu. Y cuando hablamos de la madre tierra, también hablamos de la mujer que debe ocupar su lugar de educadora.
-¿Cuál es la misión de la mujer?
-Enseñar al hombre a amar. Cuando aprendan, tendrán otra manera de comportarse con la mujer y con la madre tierra. Debemos ver nuestro cuerpo como sagrado y saber que el sexo es un acto sagrado, esa es la manera de que sea dulce y nos llene de sentido. La vida llega a través de ese acto de amor. Si banalizas eso, ¿qué te queda? Devolverle el poder sagrado a la sexualidad cambia nuestra actitud ante la vida. Cuando la mente se une al corazón todo es posible. Yo quiero decirle algo a todo el mundo…
-¿…?
-Que pueden usar el poder del Gran Espíritu en el momento que quieran. Cuando entiendes quién eres, tus pensamientos se hacen realidad. Yo, cuando necesito algo, me lo pido a mí misma. Y funciona.
-Hay muchos creyentes que ruegan a Dios, y Dios no les concede.
-Porque una cosa es ser limosnero y otra, ordenarte a ti mismo, saber qué es lo que necesitas. Muchos creyentes se han vuelto dependientes, y el espíritu es totalmente libre; eso hay que asumirlo. Nos han enseñado a adorar imágenes en lugar de adorarnos a nosotros mismos y entre nosotros.
-Mientras no te empaches de ti mismo.
-Debemos utilizar nuestra sombra, ser más ligeros, afinar las capacidades, entender. Entonces es fácil curar, tener telepatía y comunicarse con los otros, las plantas, los animales. Si decides vivir todas tus capacidades para hacer el bien, la vida es deleite.
-¿Desde cuándo lo sabe?
-Momentos antes de morir mi hija me dijo: ‘Mamá, carga tu sagrada pipa, tienes que compartir tu sabiduría y vas a viajar mucho. No temas, yo te acompañaré’. Yo vi con mucho asombro como ella se incorporaba al cosmos. Experimenté que la muerte no existe. El horizonte se amplió y las percepciones perdieron los límites, por eso ahora puedo verla y escucharla, ¿lo cree posible?
-Sí.
-Mis antepasados nos dejaron a los abuelos la custodia del conocimiento: ‘Llegará el día en que se volverá a compartir en círculos abiertos’. Creo que ese tiempo ha llegado.

lunes, 18 de enero de 2016




Ahir el meu Mestre em va dir aquestes paraules:

"I, mentrestant, hem de seguir les petjades... les pròpies, les úniques que et porten en algun lloc". 

Gràcies pare.


martes, 12 de enero de 2016

La teràpia del buit.

La teràpia ha de sortir del camp, del moment present. De la trobada que es produeix entre els sers que comparteixen.

La teràpia no pot ser ni predeterminada, ni predita. És un vot de confiança, de salt al buit. D’estar amb el que hi hagi en el moment. En confiar amb la intuïció de la persona i del propi terapeuta. En l’observació atenta, en l’amor a l’altre. El voler-lo veure, despullar, intimidar-lo fins arribar a les seves entranyes. Connectant amb les pròpies. Perquè un terapeuta ha d’haver entrat molt dins seu per poder entrar realment dins l’altre. Per poder explorar, un s’ha d’haver explorat. Descobert els seus misteris, enigmes, secrets. I estar sempre disposat a seguir, a continuar. Mantenir la humil actitud que el camí just acaba de començar i queda molt per aprendre.

Mai creure que sabem més que l’altre. Sinó és ell qui sap sobre si mateix, fins la mesura que pot. Com puc jo tenir domini o poder sobre la vida d’una persona? Això és una forma de maltractament, de dictadura. No. Si jo realment confio en la saviesa interna de la vida, sé i confio també en que qui tinc al davant té totes les respostes al seu interior. Que li costa veure-les, està bé. Que està feta un embolic, també. I com a molt puc pretendre ajudar a que ella mateixa es desemboliqui, es descobreixi, es respongui.

Una teràpia ha de ser humana, sensible, amorosa. I des de l’amorositat podem dir les coses que potser a l’altre no li agraden però que creiem li poden fer un bé. Sempre des del respecte, des d’un pas endarrere. Mai endavant. Aquí cadascú està escrivint la seva llegenda personal, la seva aventura. No podem violar-la. Encara que veiem, encara que sapiguem en un moment donat que seria millor per aquí i no per allà. Però un bon terapeuta espera, confia, roman atent i es meravella amb cada petit avenç de l’altre, com si d’un nadó es tractés descobrint les parts del seu cos i de la seva pròpia existència.

Què no ho hem fet nosaltres això, abans? No podem empènyer a algú a un penya-segat si no està disposat a obrir les seves ales. Potser les ha de descobrir, encara, i és perfecte.

La teràpia és un buit tan gran, que de vegades em fa vertigen. Em seria més fàcil comptar amb un munt de tècniques que em diguessin que he de fer en cada moment, què he de respondre en cada pregunta. Però llavors deixo de veure a qui tinc davant. La trobada deixa de ser màgica. Com puc encapsular la vida en quatre tècniques? Com se suposa que he d’explicar el misteri d’estar aquí amb quelcom estudiat? El que surt és del moment, és revelat si escolto. Si m’obro, si no pretenc controlar. Si miro l’altre i el veig, i el respecto i el sento. I per un moment jo me’n vaig de mi i viatjo al seu cor i a la seva ànima i sé què sent, què viu, amb què compta i amb què no, i des d’allà llavors torno a sortir i li dono la mà per acompanyar-lo subtilment a anar desxifrant els punts claus de la seva existència. Però així, poc a poc, molt fluixet, sense que gairebé es noti.

Jo no puc marcar el ritme, és la vida que ho fa. No puc ser tan prepotent com per pensar que mano. No... la vida està passant a través nostre. A través meu i de l’altra persona. I estar despert a aquest esdeveniment és el més gran que hi ha. Llavors la trobada es produeix, i és màgic.

És una professió fascinant, per a mi. I a la vegada... tan complexa, tan profunda, que requereix tant del meu propi procés, del meu propi auto coneixement... que de vegades m’assusta. I, a la vegada, m’apassiona, dono gràcies, i el meu desig és seguir connectant i confiant, cada vegada més... per a que aquest buit es faci més present i més gran a la meva vida i el control hi tingui menys cabuda. I des d’aquí respirar, viure, sentir, avançar, anhelar, romandre, estar, sospirar, estimar. 






sábado, 2 de enero de 2016

El barrendero del monasterio.

Un hombre, muy sencillo y analfabeto, llamó a las puertas de un monasterio. Tenía deseos verdaderos de purificarse y hallar un sentido a la existencia. Pidió que le aceptasen como novicio, pero los monjes pensaron que el hombre era tan simple e iletrado que no podría ni entender las más básicas escrituras ni efectuar los más elementales estudios. Como le vieron muy interesado por permanecer en el monasterio, le proporcionaron una escoba y le dijeron que se ocupara diariamente de barrer el jardín. Así, durante años, el hombre barrió muy minuciosamente el jardín sin faltar ni un solo día a su deber. Paulatinamente, todos los monjes empezaron a ver cambios en la actitud del hombre. ¡Se le veía tan tranquilo, gozoso, equilibrado! Emanaba de todo él una atmósfera de paz sublime. Y tanto llamaba la atención su inspiradora presencia, que los monjes, al hablar con él, se dieron cuenta de que había obtenido un considerable grado de evolución espiritual y una excepcional pureza de corazón. Extrañados, le preguntaron si había seguido alguna práctica o método especiales, pero el hombre, muy sencillamente, repuso:

 –No, no he hecho nada, creedme.

Me he dedicado diariamente, con amor, a limpiar el jardín, y, cada vez que barría la basura, pensaba que estaba también barriendo mi corazón y limpiándome de todo veneno.




jueves, 31 de diciembre de 2015

"No podemos vivir el atardecer de la vida con el mismo programa que la mañana, pues lo que en la mañana era mucho, en el atardecer será poco y lo que en la mañana era verdadero, en la tarde será falso".        
Carl G. Jung





Benvingut 2016


domingo, 13 de diciembre de 2015

Res.

- I ara que tinc pau a la ment, què faig?
- Res.
- Però què he d'aconseguir des d'aquesta pau?
- Res.

I llavors, per primera vegada, va descansar. 



lunes, 23 de noviembre de 2015

Camino el present.

No és que el temps passi ràpid, sinó que és la nostra ment la qui ho fa. La ment, de per si, té una incapacitat instintiva de no mantenir-se en el present. En el res, en el buit, en el ser en cada mil·lèsima de segon sense aspirar a res més.

Al contrari d’això, de ben petits anem perdent la capacitat de connectar amb l’ara i comencem a viatjar d’una manera compulsiva cap endavant i endarrere. El futur i el passat. El que potser serem i el que hem sigut. Clar, d’aquesta manera passen les hores, i els dies, les setmanes, els mesos i els anys. I de cop podem preguntar-nos: ui, què ha passat? On he estat durant tot aquest temps? És que passa volant, ni tan sols me n’adono…

I és que no, no ens n’adonem. És fer un acte conscient de presència el començar a conduir l’atenció cada vegada amb més èmfasi i a la vegada de manera comprensiva cap al present. Cap a la respiració, amunt, avall, deixant anar. Neixo quan inspiro, moro quan exhalo. Aquí mor una part de la meva existència i torna a començar. No m’aferro. La deixo. Se’n va. Adéu. I no em resisteixo. No, que va, perquè el que tinc ara és tan ple, tan ample, tan profund, tant tot, que no puc aturar-me a enyorar el que ja no és o a anhelar el que està per arribar. Confiar en aquest vaivé, sense esperar res.

Deixar d’identificar-me amb totes les coses que diu la meva ment. Si l’observo, m’adono que intenta explicar-me mil pel·lícules, em fa creure mil raons. Em desvia, se m’endu lluny. Lluny d’aquí, de mi, de la meva existència real, profunda, present. Llavors l’exercici és cultivar l’atenció atenta. Simplement, i sense forçar. Res, estar. Un dia, meditant, em va donar la sensació com si dins meu hi existís una part més serena, més sàvia, present i contundent que observava a la meva ment com si fos una nena petita i entremaliada. Que la mirava jugar, enfadar-se, emparrar-se, caure… i aquesta part més sàvia i profunda, no la jutjava, ni la pressionava ni criticava. No. Només es mantenia sabent que aquesta “nena entremaliada” havia d’anar fent el seu camí cap a la maduresa seguint el seu pas. S’havia de creure les seves mentides per desmentir-les, s’havia d’identificar per anar caient després en mil bocins, havia d’intentar les seves estratègies per després anar-se rendint i descansar, poc a poc, pas a pas. I això sense judici, amb amor, amb acompanyament, d’aquesta part més profunda que sempre hi és en el fons, i que no li preocupa el que passi més a la superfície. És més aviat aquesta superfície la que en tot cas anirà calmant-se per arribar allà d’on ve.

Llavors torno a la qüestió de l’inici. En si el temps passa massa ràpid i la vida és un instant. I llavors em responc que sí i que no. Que en l’immensitat d’aquesta existència això és un sospir, sí. I que també, a la vegada, aquest present és etern. Que si cultivem la capacitat de mantenir-nos aquí, ara, presents, entrarem en una dimensió que és atemporal, que no té principi ni fi i que no es pot percebre ni com a ràpida ni com a lenta, perquè hi és en cada moment.

Eterna. Incaduca. Immortal.